El agua oxigenada hace burbujas porque el peróxido de hidrógeno (H₂O₂) se descompone y libera oxígeno gaseoso. La catalasa, una enzima presente en nuestras células y en muchos otros seres vivos, acelera esa reacción. El burbujeo no permite saber si hay infección ni si la limpieza ha sido eficaz.
La reacción ajustada de la catalasa
2 H₂O₂ → 2 H₂O + O₂
Dos moléculas de peróxido producen dos de agua y una de oxígeno. Hay cuatro átomos de hidrógeno y cuatro de oxígeno a cada lado: escribir H₂O₂ → H₂O + O₂ dejaría la ecuación sin ajustar. La catalasa participa como catalizador y no se escribe como un reactivo que se consume.
El oxígeno forma burbujas al salir del líquido. La cantidad visible depende de la concentración del producto, la actividad de la enzima y el contacto con el tejido. No es una medida de cuántas bacterias hay: las propias células también contienen catalasa.
Por qué cambia el burbujeo según la superficie
En una herida, la sangre y las células expuestas facilitan el contacto con la enzima. La piel intacta ofrece una barrera distinta. También puede burbujear sobre tejidos vegetales, por lo que esta reacción no es exclusiva del cuerpo humano ni un indicador de infección.
La ausencia de espuma tampoco certifica que un producto conserve o haya perdido toda su actividad. Para el almacenamiento y la caducidad hay que seguir su etiqueta, mantenerlo en su envase original y evitar trasvasarlo a recipientes de bebidas.
Qué significa para el cuidado de una herida
No se recomienda usar agua oxigenada de forma rutinaria para limpiar heridas: puede dañar tejido y retrasar la cicatrización. MedlinePlus desaconseja el peróxido para este fin y describe el uso de agua o solución salina en el cuidado indicado. Una herida profunda, una quemadura o signos de infección requieren valoración sanitaria; el número de burbujas no sirve para decidir el tratamiento.
La explicación química tampoco justifica pulverizar agua oxigenada sobre alimentos. Para frutas y verduras, la FDA recomienda lavarlas con agua corriente y no con jabón, detergentes ni productos de lavado comerciales. No hay que convertir un reactivo doméstico en un tratamiento alimentario por considerarlo «natural».